Cómo reducir el consumo eléctrico de un edificio terciario: por dónde empezar
Antes de cambiar un equipo o poner placas, casi todos los edificios tienen ahorro disponible en cómo se opera lo que ya está instalado. No es glamuroso y no requiere inversión, y por eso se salta con frecuencia.
1. El consumo de fondo
Es lo primero que hay que mirar y lo más rentable. Se calcula así: se toma el consumo medio entre las 2 y las 5 de la madrugada, con el edificio vacío, y se compara con el pico de jornada.
Ese fondo nunca es cero: hay servidores, ascensores en espera, emergencias, cámaras. Pero cuando pasa de un porcentaje razonable del pico, hay algo encendido que no debería. Los sospechosos habituales son climatización en zonas vacías, ventilación a caudal nominal las 24 horas, iluminación de plantas enteras y bombas de secundario que nadie paró.
La ventaja es que el fondo se paga todas las noches del año. Unos pocos kilovatios de fondo eliminados valen más que un ajuste espectacular en una tarde de agosto.
2. El horario real frente al horario declarado
Casi todos los edificios tienen un horario en el papel y otro en los datos. Conviene medir tres cosas:
- A qué hora arranca de verdad cada máquina.
- Cuánto tarda en pararse después del cierre.
- Cuántas horas funciona en fin de semana, festivos y días de cierre.
Los días cerrados son donde aparecen las cifras más llamativas, porque nadie los revisa. Una sola unidad funcionando todos los fines de semana suma más horas al año que muchas correcciones finas entre semana.
3. Las consignas
Subir un grado en refrigeración o bajarlo en calefacción reduce consumo de forma apreciable, y además hay un marco normativo que fija límites en algunos usos. Dos precisiones que se olvidan:
- Lo que se evalúa es la consigna, no la temperatura del aire. Que un termostato pida 21 °C no significa que la sala esté a 21 °C.
- Muchos edificios arrancan cada mañana con la consigna que dejó el último usuario la tarde anterior. Esa es la causa real de buena parte de los desvíos, y se corrige con programación en el sistema de control, no regañando a nadie.
4. El arranque anticipado
Un edificio no puede encender la climatización a la hora de apertura: las salas deben estar ya a consigna cuando entra la gente. Esa ventana de acondicionamiento es legítima y no es un despilfarro.
El despilfarro es arrancar antes de lo necesario, casi siempre porque la hora se fijó una vez, con un margen generoso, y nadie la ha revisado desde entonces. La forma correcta de ajustarla es medir cuánto tarda de verdad cada sala en llegar a consigna, en función de la temperatura exterior de ese día, y arrancar con ese margen. En invierno hará falta más tiempo que en media estación, y el ahorro se acumula cada mañana laborable del año.
El orden importa
| Medida | Inversión | Cuándo se nota |
|---|---|---|
| Consumo de fondo | Ninguna | La primera noche |
| Horario y días cerrados | Ninguna | El primer fin de semana |
| Consignas y programación | Ninguna | Semanas |
| Arranque ajustado por clima | Ninguna | Semanas |
| Mejora del control | Baja | Meses |
| Sustitución de equipos | Alta | Años |
Las cuatro primeras son configuración. Conviene agotarlas antes de plantear inversión, entre otras cosas porque un equipo nuevo mal operado consume más que uno viejo bien operado.
Cómo saber si el ahorro fue real
Comparar la factura de este mes con la del año pasado no demuestra nada: el clima cambia, la ocupación cambia y el precio cambia. La forma correcta es construir un consumo de referencia, es decir lo que el edificio habría gastado sin la medida, a partir de su histórico con la temperatura exterior y el horario, y restar el consumo medido.
Hay metodologías internacionales reconocidas para esto. Lo mínimo exigible es que quien afirme un ahorro diga contra qué lo compara y con qué margen de error.